martes, 9 de septiembre de 2008

LA PRINCESA Y EL GUISANTE

LA PRINCESA Y EL GUISANTE

Érase una vez un príncipe que quería casarse, pero tenía que ser con una princesa de verdad. De modo que dio la vuelta al mundo para encontrar una que lo fuera; pero aunque en todas partes encontró no pocas princesas, que lo fueran de verdad era imposible de saber, porque siempre había algo en ellas que no terminaba de convencerle. Así es que regresó muy desconsolado, por su gran deseo de casarse con una princesa auténtica.

Una noche estalló una tempestad horrible, con rayos y truenos y lluvia a cántaros; era una noche, en verdad, espantosa. De pronto golpearon a la puerta del castillo, y el viejo rey fue a abrir.

Afuera había una princesa. Pero, Dios mío, ¡qué aspecto presentaba con la lluvia y el mal tiempo! El agua le goteaba del pelo y de las ropas, le corría por la punta de los zapatos y le salía por el tacón y, sin embargo, decía que era una princesa auténtica.

«Bueno, eso ya lo veremos», pensó la vieja reina. Y sin decir palabra, fue a la alcoba, apartó toda la ropa de la cama y puso un guisante en el fondo. Después cogió veinte colchones y los puso sobre el guisante, y además colocó veinte edredones sobre los colchones. La que decía ser princesa dormiría allí aquella noche.

A la mañana siguiente le preguntaron qué tal había dormido.

-¡Oh, terriblemente mal! -dijo la princesa-. Apenas si he pegado ojo en toda la noche. ¡Sabe Dios lo que habría en la cama! He dormido sobre algo tan duro que tengo todo el cuerpo lleno de magulladuras. ¡Ha sido horrible!

Así pudieron ver que era una princesa de verdad, porque a través de veinte colchones y de veinte edredones había notado el guisante. Sólo una auténtica princesa podía haber tenido una piel tan delicada.

El príncipe la tomó por esposa, porque ahora pudo estar seguro de que se casaba con una princesa auténtica, y el guisante entró a formar parte de las joyas de la corona, donde todavía puede verse, a no ser que alguien se lo haya comido.

¡Como veréis, éste sí que fue un auténtico cuento!

martes, 5 de febrero de 2008

¿Un mundo sin aistad?

¿Te imaginas el mundo si no existiera la amistad?

¿Te imaginas el mundo si no existieran los amigos?.

¿Te imaginas el mundo sin gente saludándose por a calle, sin tarjetas postales, sin regalos, sin sonrisas, un mundo en el que toda la correspondencia estuviera compuesta de facturas, de trámites, de cosas de trabajo?.

¿Cómo sería el mundo si la gente no se reuniera a conversar, si no se tomara de la mano para orar, para cantar, para compartir?.

¿Cómo serían los días si no hubiese una llamada telefónica hecha por alguien que solo quiere saber que estamos bien y desearnos lo mejor?.

¿Cómo sería el mundo sin una fiesta, sin un abrazo, sin un encuentro entre gente que se quiere y tiene mucho tiempo sin verse?.


¿Cómo serían las noches solitarias si no pudiéramos llamar a alguien que comprendiera nuestra soledad y nuestros sueños?.

Me pregunto cómo sería el mundo sin ti, que me das tu amistad sincera, sin todos aquellos que me han tendido la mano.

¿Cómo sería el mundo si no existiera la amistad?

Sería triste, muy triste, árido, solitario, gris y pobre. Tal vez nadie tendría deseo de vivir. Porque sin la amistad nuestras vidas no tendrían sentido.

miércoles, 31 de octubre de 2007

El lápiz

El lápiz

Un niño miraba a su abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:
- Abuelo, ¿estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:
-Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
El niño miró el lápiz, intrigado, y no vio nada de especial.
-¡Pero si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!
-Todo depende del modo en que mires las cosas - contestó el abuelo - Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán de ti una persona por siempre en paz con el mundo: Primera cualidad: Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano nosotros la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a su voluntad. Segunda cualidad: De vez en cuando necesito dejar lo que estoy escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, está más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona. Tercera cualidad: El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia. Cuarta cualidad: Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior. Finalmente, la quinta cualidad del lápiz: Siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida dejará trazos. Intenta ser consciente de cada acción.

La caja de los deseos

La caja de los deseos

En una tienda de antigüedades, había una pequeña caja olvidada en lo alto de una estantería. Llevaba allí años y años. Hasta que un día, haciendo limpieza, la caja cayó al suelo. El dueño de la tienda no recordaba haberla visto nunca. Le quitaron toda la suciedad que tenía y pudieron ver que en la tapa estaba escrita esta frase: "La caja de los deseos".

La pusieron en el mostrador como curiosidad, para que los clientes que fueran a comprar algo, pidieran un deseo. Entró un hombre a comprar una mesa antigua. Cuando iba a pagar, vio la caja, la abrió y pidió un deseo:

- Quiero un coche nuevo aparcado delante de esta tierra.

Pero como es natural, no se cumplió su deseo. Otros clientes fueron entrando en la tienda y cada cual pedía su deseo:

- Quiero un collar de perlas

- Quiero un reloj de oro

- Quiero ser el hombre más rico del mundo

También había quien pedía ser más guapo o más alto, o no hacerse viejo nunca. Y los deseos seguían sin cumplirse. Hasta que un día entró un mendigo pidiendo un vaso de agua. El dueño se lo dio amablemente. Cuando se lo terminó, se quedó mirando aquella caja. Le dijo al dueño si podía pedir un deseo antes de marcharse. Y éste contestó:

- Pues claro que sí hombre. De todos los que han entrado aquí, tú eres el que más necesidad tienes. A ver si a ti te hace caso esta caja.

Entonces, el mendigo la abrió diciendo:

- Deseo un vaso de plata para el dueño de esta tienda.

Cerró la caja y se marchó. El dueño quedó muy sorprendido por aquel deseo. No era corriente desear cosas para los demás. Pero en fin, era un bonito detalle de agradecimiento por el vaso de agua ofrecido. Sin embargo, cuando abrió la caja de los deseos, vio asombrado que en su interior se encontraba un vaso de plata como nunca había visto. El deseo se había cumplido. Quizá porque cuando deseamos egoístamente…el universo no conspira

El eco

El eco

Una niña y su padre estaban caminando por la montaña. De repente la niña se cayó, se lastimó y gritó

- Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhh
Para su sorpresa oyó una voz repitiendo

- Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhh!
Con curiosidad la niña gritó:

- ¿Quién eres tú?

Recibió de respuesta:

- ¿Quién eres tú?, ¿Quién eres tú?, ¿Quién eres tú?
Enojada con la respuesta, la niña gritó:

- Cobarde.
Y recibió de respuesta:

- Cobarde. Cobarde. Cobarde…

La niña miró a su padre y le preguntó:

¿Que sucede?
El padre, sonríe y le dice:

- Hija mía, presta atención.
Y entonces el padre gritó a la montaña:

- Te admiro.
Y la voz respondió

- Te admiro, te admiro, te admiro
De nuevo, el hombre grita:

- Eres una campeona.
Y la voz le responde:

- Eres una campeona, eres una campeona, eres una campeona
La niña estaba asombrada, pero no entendía y el padre le explicó:

- La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. Si quieres una sonrisa en el alma, da una sonrisa al alma de los que conoces. Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida .La vida te dará de regreso exactamente aquello que tu le haz dado.

martes, 26 de junio de 2007

¿A Qué Precio

¿A Qué Precio?

- ¿Cuánto vale un hombre?
- ¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por él?
- ¿Y una mujer?
- ¿Cuánto crees que cuesta?
- ¿Y un alma? ¿Cuánto vale un alma?
- ¿Piensas que tiene precio?
- Bueno, ¿y una mentira?
- ¿Quieres que te mienta?
- ¡Basta ya! He empezado a preguntar yo. Tengo derecho a alguna respuesta, ¿no crees?
- No.
- Bueno, entonces contéstame sólo una… ¿a qué precio está el amor?
- ¿Qué es eso?
- ¿No sabes lo que es el amor?
- No. ¿Se come?
- No.
- Entonces… ¿se bebe?
- No.
- Pues entonces, ¿para qué sirve?
- Bueno, realmente no sirve para nada. Pero la gente que lo tiene disfruta mucho más la vida. Dicen que es algo maravilloso. ¿De verdad que no lo has visto nunca?
- No. ¿Cómo es?
- Yo una vez vi un poco de amor… todos giraban en torno a él. Estaban como locos… poseídos… no creo que aquella gente fuera realmente así. ¿Sabes? El amor te cambia, te transforma…
- Ahá.
- Pero a veces el cambio no es muy positivo. La locura no siempre es buena compañera… sobre todo cuando se convierte en desesperación. Yo he visto morir gente por esa cosa, hacer cosas insospechables e inimaginables, y al final… nada. Sólo huesos.
- ¿Y cuánto vale? ¿Crees que tendría bastante con estas monedas?
- No lo sé. Esa pregunta te la hice yo antes y demostraste ser más ignorante que yo. Aunque… últimamente el amor ya no es lo que era. Ha cambiado, siempre va cambiando y te lo puedes encontrar de mil formas y colores… y te engaña, y te rompe… te destroza el corazón.
- ¿Ah sí?
- Bueno, eso es lo que dice la gente…
- ¿Y qué formas tiene?
- La que tú le quieras dar… un huracán, un torbellino, un monstruo, un hada, un sátiro, una rata, un brujo, un bufón, un volcán, una mujer…
- ¿Y cómo sabes que está ahí?
- Simplemente lo sabes. Cuando está ahí… él te lo dice y te desafía: aquí estoy, dispuesto a hacerte sufrir, a hacerte llorar y reír… cógeme si puedes. Juguemos un rato… toda la vida es un juego para el amor…
- Pues ya no sé si quiero pagar por él. No merece la pena. ¿No crees?
- No sé, yo nunca he tenido un poco de amor entre mis manos…
- Bueno, ¿y cuánto vale el dinero?
- ¿De cuánto tiempo dispones para gastarlo y disfrutarlo?
- ¿Y La Luna? ¿Cuánto vale La Luna?
- ¿Acaso crees que la noche la dejaría escapar?
- ¿Y el Sol?
- ¿Cuánto crees que durarías entre sus brazos?
- ¿Y las estrellas?
- Menos que el amor… mucho menos…

Extraído del libro “El Lado Oscuro del Cuento” de Víctor Morata Cortado

miércoles, 13 de junio de 2007

La mariposa

La mariposa

Cuenta la leyenda que una joven mariposa -de cuerpo frágil y sensible-volaba cierta tarde jugando con el viento, cuando vió una estrella muy brillante, y se enamoró. Excitadísima, regresó inmediatamente a su casa, loca por contar a su madre que había descubierto lo que era el amor.

-¡Que tontería! - fue la fría respuesta que escuchó - Las estrellas no fueron hechas para que las mariposas pudieran volar a su alrededor. Búscate un poste, o una pantalla, y enamórate de algo así. Para eso fuimos creadas.

Decepcionada, la mariposa decidió simplemente ignorar el comentario de la madre, y se permitió volver a alegrarse con su descubrimiento.

"Que maravilla poder soñar", pensaba. La noche siguiente la estrella continuaba en el mismo lugar, y ella decidió que subiría hasta el cielo y volaría en torno a aquella luz radiante para demostrarle su amor. Fue muy difícil sobrepasar la altura a la cual estaba acostumbrada, pero consiguió subir algunos metros por encima de su nivel de vuelo normal. Pensó que si cada día progresaba un poquito, terminaría llegando hasta la estrella. Así que se armó de paciencia y comenzó a intentar vencer la distancia que la separaba de su amor. Esperaba con ansiedad la llegada de la noche, y cuando veía los primeros rayos de la estrella, agitaba ansiosamente sus alas en dirección al firmamento. Su madre estaba cada vez más furiosa:

-Estoy decepcionada con mi hija -decía - Todas sus hermanas, primas y sobrinas ya tienen lindas quemaduras en sus alas, provocadas por las lámparas. Solo el calor de una lámpara es capaz de entusiasmar el corazón de una mariposa. Deberías dejar de lado estos sueños inútiles y conseguir un amor posible de alcanzar.

La joven mariposa, irritada porque nadie respetaba lo que sentía, decidió irse de la casa. Pero en el fondo -como, por otra parte, siempre sucede - quedó marcada por las palabras de su madre, y consideró que ella tenía razón. Así, durante algún tiempo, intento olvidar a la estrella y enamorarse de la luz de las pantallas de casas suntuosas, de las luces que mostraban los colores de cuadros magníficos, del fuego de las velas que quemaban en las más bellas catedrales del mundo. Pero su corazón no conseguía olvidar a la estrella, y después de ver que la vida sin su verdadero amor no tenía sentido, resolvió reemprender su itinerario en dirección al cielo. Noche tras noche intentaba volar lo más alto posible, pero cuando la mañana llegaba, estaba con el cuerpo helado y el alma sumergida en la tristeza. Entretanto, a medida que se iba haciendo mayor, pasó a prestar atención a todo cuanto veía a su alrededor. Desde allá arriba podía vislumbrar las ciudades llenas de luces, donde probablemente sus primas, hermanas y sobrinas, ya habrían encontrado un amor. Veía las montañas heladas, los océanos con olas gigantescas, las nubes que cambiaban de forma a cada minuto. La mariposa comenzó a amar cada vez más a su estrella, porque era ella la que la impulsaba a conocer un mundo tan rico y hermoso. Pasó mucho tiempo y un buen día ella decidió volver a su casa. Fue entonces que supo por los vecinos que su madre, sus hermanas, primas y sobrinas, y todas las mariposas que había conocido, ya habían muerto quemadas en las lámparas y en las llamas de las velas, destruidas por un amor que juzgaban fácil. La mariposa, aun cuando jamás haya conseguido llegar hasta su estrella, vivió muchos años aún, descubriendo cada noche cosas diferentes e interesantes. Y comprendiendo, que, a veces, los amores imposibles traen muchas alegrías y beneficios que aquellos que están al alcance de nuestras manos